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Despertaba la dama de su profundo letargo donde, había estado caminando por la finísima línea que separa la consciencia y el mundo soñador , cayendo al final en este ultimo.
En esa caída infinita e interminable , que a cualquier mortal habría causado gran temor, a esta muchacha le proporcionaba un placer que no era de este mundo.
Sentiase por primera vez en toda su existencia libre de una forma que nadie estando sobre la faz de la tierra experimentaría, comprendiendo que esa sensación era el origen y fin de su búsqueda existencial .
En este maravilloso trance , en donde todas la cosas contenidas en el mundo terreno se iban difuminando de su pequeña y locuaz mente dejando un ínfimo sentimiento de compasión y lastima por los que aún moraban en la regiones terrenales, como la niebla que permanece en las zonas de montaña cuando el sol se va acercando inexorablemente su cenit .
Muy a su pesar la maravillosa sensacion de libertad y de por primera vez sentirse completa de forma espiritual fueron despareciendo a medida que la caída iba perdiendo su vigorosa fuerza, hasta que la joven quedó suspendida en el vacío, negro como el espacio en donde ninguna estrella por cobardía se atrevía a hacer acto de presencia para ganar terreno a la negrura que allí habitaba .
Sin embargo un diminuto destello apareció de improvisto como prueba palpable que la oscuridad no era todo lo que tenia existencia . Ese destello creció de forma tan fugaz que la joven no pudo reaccionar quedando cegada al instante por la fuerte y poderosa claridad del destello.
El silencio se apodero de sus oídos durante unos momentos que a su juicio parecieron miles de edades sobre la tierra , hasta que empezó a percibir un murmullo constante que no procedía de ser vivo alguno y que poco a poco por la joven fue adquiriendo una cualidad líquida.
Nuestra joven armándose de valentía decidió abrir con sosiego los ojos por descubrir si esa luz los había privado de su función principal. La luz que le llego a lo ojos le impidió ver al principio pero al poco tiempo transcurrido reconoció la colina en donde se encontraba y que el día ya estaba en su ocaso con unos rojos y naranjas tan fuertes que hipnotizaban a todo aquel que lo miraba.
Levantándose de forma grácil y ligera decidió que ya era hora de continuar su viaje en busca de aquello que su alma anhelaba y que sintió durante su letargo como prueba palpable de que no cesara en su búsqueda.
Así con ánimos renovados partió .
FIN









